La cara y la contra

Se conocían desde hace tiempo. Uno, siempre quiso salir a conocer mundo. El otro siempre supo que quería dedicarse al estudio. Ambos compartieron amigos, escuela y alguna afición hasta bien entrada la adolescencia. 

Pero la llegada del tren a la región, separó sus caminos.

Uno, animoso, inquieto, vital y valiente decidió marchar lejos para explorar nuevos mundos y probar suerte en otros lugares. Se enamoró mil veces y vivió intensamente. Trabajó de vendedor, porteador y transportista. Decidió hacer de la buena vida, una forma de vivir. 

Otro, persistente, curioso y decidido, escogió estudiar abogacía. Profundizó en las leyes del estado y la tradición humana. Fue un brillante estudiante, que esmerado en sus trabajos alcanzó buena posición social. Hombre respetado y admirado por sus contrarios, ágil en la dialéctica ante el juez, fue coronado como Abogado del Estado. Formó una familia y gozaba de una buena estabilidad.

Al pasar de los años, volvieron a encontrarse. Se contaron historias acerca de sus vidas, sintieron el anhelo de lo no hecho, pero la admiración por la vida del otro, fue su bálsamo.

¡Encontraron en su renovada amistad una nueva forma de vivir!

Convencidos de ello, cada semana en el café del centro, encontraban un punto de acercamiento entre lo vivido y lo estudiado. A veces, discutían, a veces coincidían. Pero no cabe duda  que ambos decidieron dirigirse de forma diferente a la vida.

¿Cuál de ellas es la más acertada?

¿Cuál escoges tú?

Un abrazo,

Miguel